jueves, diciembre 14, 2017


Esta es la situación judicial de cada uno de los imputados por el proceso independentista

 

 El juez Pablo Llarena ha acordado este martes retirar las órdenes europeas de detención dictadas contra Carles Puigdemont y los exconsellers Antonio Comín, Lluís Puig, Meritxell Serret y Clara Ponsatí, todos ellos acusados de los delitos de rebelión, sedición, malversación, prevaricación y desobediencia.
Esta decisión del juez solo implica que los cinco imputados dejan de estar en búsqueda y captura en Europa, pero si regresan a España serán detenidos. La intención del magistrado instructor es evitar que la Justicia belga pueda poner condiciones a la hora de entregar a los exmiembros del Govern huidos.
En España siguen el resto de imputados por su participación en el proceso independentista. Ayer mismo, el juez del Supremo decretó mantener en prisión al exvicepresidente del Govern Oriol Junqueras, el exconseller de Interior, Joaquim Forn, y los presidentes de la ANC y Òmnium Cultural, Jordi Sànchez y Jordi Cuixart, al tiempo que fijó prisión eludible bajo fianza de 100.000 euros a los otros seis exconsellers que estaban en la cárcel.
Esta es la situación judicial de todos los los implicados en el «procés».
Estado judicial del «procés»
Estado judicial del «procés»-ABC

abc.es

El error independentista de la nueva serie de templarios: la gran mentira del Reino de Cataluña

En el primer episodio de «Knightfall», la hija del Rey de Francia afirma que quiere casarse con Lluis, el joven heredero del Reino de Cataluña

 

 

 


Desde el primer capítulo la nueva serie de templarios de History Channel, «Knightfall» (emitida en España por la HBO), ha mostrado que el rigor histórico le es un asunto secundario. Entre numerosas imprecisiones históricas, el primer capítulo de la ficción, que quiere emular el éxito de «Vikingos», ha brillado, sin luz, por la controvertida pretensión de uno de los personajes de ser la futura «Reina de Cataluña».
En concreto, la serie radiografía la corte del Rey Felipe de Francia, donde se movían a sus anchas los caballeros templarios y donde hallaron su perdición. Empobrecida la Corona, el Monarca francés deposita en el primer capítulo sus esperanzas para recuperar influencia internacional en el matrimonio de su primogénita, Isabel, con algún gran príncipe europeo. No obstante, la joven afirma sin pudor que quiere casarse por amor y, a pesar de que una oferta de la Casa Real de Inglaterra está sobre la mesa, prefiere contraer matrimonio con un príncipe con el que lleva meses carteándose: el príncipe Lluís, el sucesor de ¡El Reino de Cataluña!
Una imprecisión histórica que provocó risas en la emisión del capítulo ante la prensa española y que se alimenta de la mitología creada por el nacionalismo catalán. Como explica Enric Ucelay-Da Cal, catedrático de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona: «A pesar de la tendencia de los historiadores nacionalistas catalanes de retorcer la naturaleza "catalana-aragonesa" de la Corona de Aragón, nunca ha existido nada, en la historia medieval, y mucho menos en los tiempos modernos, que pudiera considerarse ni de lejos un embrión del Estado catalán, excepto en las imaginaciones más románticas y soñadoras». El Reino de Cataluña es una completa ficción, tanto como los cacareados Países Catalanes.
Los grupos independentistas tuvieron así que retorcer y distorsionar la naturaleza «catalana-aragonesa» de la Corona de Aragón
Frente a la incapacidad para encontrar un germen de nación catalana, la mitología romántica acuñó a finales del siglo XIX el término Países Catalanes (o Gran Cataluña). Pero lo que era originalmente una simple denominación de carácter lingüístico, se convirtió en boca de los nacionalistas en una especie de tierra prometida, cuya historia han intentado solapar sobre la de la Corona de Aragón.
Los grupos independentistas han retorcido y distorsionado con este fin la naturaleza «catalana-aragonesa» de la Corona de Aragón, el conjunto de reinos que estuvieron sometidos al Rey de Aragón, entre los siglos XII y XV, donde se encontraban no solo el territorios de lengua catalana, sino también otras reinos como por ejemplo la propia Aragón, Valencia parcialmente, Sicilia, Córcega, Cerdeña, Nápoles y los ducados de Atenas y Neopatria.

La verdadera historia medieval de Cataluña

La zona que hoy corresponde a la comunidad autonómica de Cataluña estuvo desde el siglo XII unida al Reino de Aragón y solo durante un breve periodo fue un ente propio, incluso entonces dependiente de otros reinos. Así, tras el colapso de la Hispania Visigoda –que se extendía por prácticamente toda la Península Ibérica– y la invasión musulmana en el 718 d.C, el Imperio carolingio estableció una marca defensiva como frontera meridional con Al-Ándalus. Esto supuso la ocupación por los francos durante el último cuarto del siglo VIII de las actuales comarcas pirenaicas, de Gerona y, en el 801, de Barcelona. Este antiguo territorio visigodo se organizó políticamente en diferentes condados dependientes del rey franco.


Supuesto origen del escudo del condado de Barcelona (Real Academia Catalana de Bellas Artes)
Conforme el poder central del Imperio se debilitaba en el siglo X, los condados catalanes, que estaban vertebrados por Barcelona, Gerona y Osona, fueron progresivamente desvinculándose de los francos. En el año 987, el conde Borrell II fue el primero en no prestar juramento al monarca de la dinastía de los Capetos, pero se sometió en vasallaje al poderoso Califato de Córdoba. En este punto, las leyendas nacionalistas sitúan erróneamente al noble Wifredo «el Velloso» –el último conde de Barcelona designado por la monarquía franca– como el artífice, no ya de la independencia de los condados catalanes, sino del nacimiento de Cataluña y sus símbolos.
En el siglo XII, el conde Ramón Berenguer IV se casó con Petronila de Aragón conforme al derecho aragonés, es decir, en un tipo de matrimonio donde el marido se integraba a la casa principal como un miembro de pleno derecho. El acuerdo supuso la unión del condado de Barcelona y del Reino de Aragón en la forma de lo que luego fue conocido como Corona de Aragón. En un contexto de alianzas medievales, la asociación de ambos territorios no fue, pues, el fruto de una fusión ni de una conquista, sino el resultado de una unión dinástica pactada entre la Casa de Aragón y la poseedora del Condado de Barcelona. De hecho, originalmente los territorios que formaron la Corona mantuvieron por separado sus leyes, costumbres e instituciones. A lo largo del segundo cuarto del siglo XIII, se incorporaron a esta Corona las Islas Baleares y Valencia. Este último territorio, el Reino de Valencia, pasó a convertirse en un reino con sus propias Cortes y fueros.

San Juan de la Cruz, 14 de diciembre – ZENIT – Espanol


«Figura señera de la Orden carmelita. Gran asceta, místico y poeta, insigne doctor de la Iglesia. Admirado por creyentes y no creyentes. Juan Pablo II lo eligió para realizar su tesis doctoral y lo declaró patrono de los poetas».



La admirable existencia de Juan de Yepes –este excepcional carmelita, aclamado en el mundo entero, considerado con toda propiedad «el más grande de los poetas de lengua castellana»– es una heroica gesta de amor a Dios desde el principio hasta el fin de la misma. La ascética tiene en él a uno de los preclaros ejemplos de lo que significa la entrega genuina; es una de las figuras más representativas de la mística que han pasado por esta sección de ZENIT. Creyó a pies juntillas que todo aquel que ofrece su vida por Cristo la salva, y no se arredró haciendo de su acontecer un admirable compendio de renuncias y sacrificios amén de sufrir el desdén de algunos de los suyos. Dios le alumbró siempre, y en particular, en el momento más álgido de su oscuridad.
Sus padres, Gonzalo de Yepes y Catalina Álvarez, tejedores de profesión y residentes en Fontiveros, Ávila, España, recibieron con gozo a este segundo de los tres hijos que conformarían la familia, cuando nació en 1542. Su padre y su hermano sucumbieron a causa del hambre. Una gran y trágica escuela para el santo. Al enviudar Catalina, quedaron en una situación económica de gran precariedad, y para tratar de contrarrestarla, primeramente se estableció con sus hijos en Arévalo, Ávila, y después en Medina del Campo, Valladolid. Gracias a la caridad ajena, Juan pudo formarse en el colegio de los Niños de la Doctrina, a cambio de prestar su ayuda en la misa, entierros, oficios, y pedir limosna. En 1551 la generosidad de otras caritativas personas le permitió continuar estudios en el colegio de los jesuitas. Tenía que hacer un hueco para trabajar en el hospital de las Bubas, donde se atendían a los afectados por enfermedades venéreas, hasta que decidió convertirse en carmelita. De haber continuado con los jesuitas posiblemente hubiera tenido otras opciones más ventajosas para él y para su familia, pero tomó otra vía, la que estaba destinada para él.
A sus 21 años había sido un alumno ejemplar y tenía la base idónea para ingresar en la universidad salmantina. Era profeso cuando comenzó sus estudios en ella en 1564. Allí contó con excepcionales profesores de la talla de Francisco de Vitoria, fray Luís de León y Melchor Cano, entre otros, y tres años más tarde se convirtió en un consumado bachiller en Artes. El año 1564 fue significativo en su vida. Aparte de haber sido prefecto de estudiantes, fue ordenado sacerdote y conoció a santa Teresa de Jesús. Hacía años que practicaba severas mortificaciones corporales iniciadas siendo alumno de los jesuitas, y al ingresar en la Orden carmelita pidió permiso para continuar realizándolas. Hombre de intensa oración, amaba tanto la soledad que, en un momento dado, no descartó ser cartujo. Ya llevaba grabado en su espíritu la preciada convicción que nos ha legado: «A la tarde te examinarán en el amor; aprende a amar como Dios quiere ser amado y deja tu condición».
La santa de Ávila, que había oído hablar de su virtud, lo reclamó para que le ayudase en la reforma carmelitana que pensaba llevar a cabo. Él, que había tomado el nombre de Juan de Matías, lo reemplazó entonces por Juan de la Cruz. Muy impresionada al conocerlo, Teresa no tuvo duda de que estaba ante un santo. Él la acompañó y fueron parejos en la heroica entrega y ardor apostólico. Juan dejó el reguero de su amor a Dios en Castilla y Andalucía, así como un futuro espléndido en Salamanca, que hubiera acogido con gusto su sabiduría. Fundó en Valladolid, Duruelo, Mancera y Pastrana, ostentando oficios de subprior y maestro de novicios. Fue rector en Alcalá de Henares, vicario y confesor de las carmelitas del monasterio abulense de la Encarnación, a petición de santa Teresa, entre otras misiones relevantes.
Sus propios hermanos se levantaron contra el celo apostólico del santo, resistiéndose a una reforma que solo pretendía conquistar una mayor fidelidad al carisma. En un entramado de secretas ambiciones y resentimientos, fue apresado y recluido en un minúsculo e inhóspito lugar durante nueve meses, manteniéndole en inenarrables y pésimas condiciones. Sufrió de forma indecible física y espiritualmente. La soledad y la oscuridad en su espíritu, combatida con férrea confianza en la divina Providencia, fueron el germen del incomparable Cántico Espiritual. Ebrio de amor divino trataba de condensar en su prodigioso verbo la pasión que le consumía: «¿Adónde te escondiste, Amado, y me dejaste con gemido? Como el ciervo huiste, habiéndome herido; salí tras ti clamando, y eras ido»… Previendo una muerte inminente, recibió el consuelo del cielo y, con él, la libertad, que obtuvo evadiéndose de noche, a escondidas, de sus guardianes: sus hermanos.
Reforzado en su experiencia mística y determinación a dar a conocer al único Dios Amor, se trasladó a Beas de Segura, Jaén, donde siguió ayudando a las carmelitas. Allí entabló fraterna amistad con la religiosa Ana de Jesús. Luego fundó un colegio en Baeza, y prosiguió su incansable recorrido por Granada y Córdoba, donde estableció otro convento en 1586. Todo se le quedaba corto para entregárselo a Cristo. La sed de sufrimiento para asemejarse a Él ardía dentro de sí: «Padecer, Señor, y ser menospreciado por Vos». Vio realizado este anhelo.
Tras nuevo convulso capítulo en su Orden, mientras se hallaba destinado en Segovia lo despojaron de sus misiones y lo exiliaron a México. No llegó a marcharse. Viajó a La Peñuela camino de Andalucía. Enfermó y lo trasladaron a Úbeda, donde fue tratado con impávida frialdad por su prior, siendo mal atendido desde el punto de vista médico. De modo que este gran místico, poeta genial de Dios, murió a los 49 años la madrugada del 14 de diciembre de 1591. Clemente X lo beatificó el 25 de enero de 1675. Benedicto XIII lo canonizó el 27 de diciembre de 1726. Pío XI lo declaró doctor de la Iglesia en 1926, y Juan Pablo II patrono de los poetas en 1993. Sigue retumbando el eco de su amor, junto al Cántico, en el resto de sus obras: la Noche oscura, Llama de amor viva y Subida del Monte Carmelo, entre otras.

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Expresiones de repudio ante un nuevo agravio a la Virgen María


Villa Mercedes (San Luis) (AICA):
Numerosas personas expresaron su repudio ante un nuevo agravio contra la Virgen María protagonizado por militantes de la comunidad LGBT que, el 8 de diciembre, solemnidad de la Inmaculada Concepción, realizaron una “parodia del aborto” de la Madre de Dios durante una marcha por la ciudad sanluiseña de Villa Mercedes.



Numerosas personas expresaron su repudio ante una nueva blasfemia contra la Virgen María protagonizada por militantes de la comunidad LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales) que, el 8 de diciembre, solemnidad de la Inmaculada Concepción, realizaron una “parodia del aborto” de la Madre de Dios durante una marcha por la ciudad sanluiseña de Villa Mercedes.
El incidente se produjo en momentos en que el presbítero Ignacio Daminatto celebra misa por la festividad mariana en la parroquia Nuestra Señora de la Merced.
“Con mucho dolor, hoy en la misa de nuestra querida Madre María Santísima en su Inmaculada Concepción, fuimos testigos de la marcha del ‘orgullo disidente’ (Comunidad LGBT) con carteles lamentablemente burlescos y parodiando la Inmaculada imagen de nuestra Madre”, escribió el sacerdote en la página que la parroquia tiene en la red social Facebook.
“Esta clase de conductas muestran la verdadera cara de nuestra sociedad, que pide respeto y tolerancia pero son incapaces de respetar la fe de cada uno de nosotros”, sostuvo.
El padre Daminatto advirtió que “como hermanos en Cristo e hijos de la Santísima Virgen, no podemos quedarnos al margen de esta lucha, sino ser parte de ella, defendiendo la VIDA, y nuestra FE, hay que poner un ALTO a todos estos ULTRAJES”.
Asimismo, invitó a rezar por “la conversión” de quienes protagonizaron este hecho y defender “el nombre de nuestro Señor con la palabra, como hijos de Dios somos llamados a luchar en esta causa, según los santos Evangelios”.
“Las intenciones del grupo fueron claras desde el principio al marchar en esta fecha tan especial para nosotros, ridiculizar a nuestra MADRE, unámonos en oración para que cesen estos actos de VIOLENCIA contra nuestra Santa Madre Iglesia, y confiemos en que nuestras autoridades puedan instrumentalizar alguna ordenanza o decreto para que este acto realmente vergonzoso no vuelva a repetirse nunca más en nuestra querida ciudad, ni en nuestra amada provincia”, aseveró.
El sacerdote convocó a una jornada de desagravio, reparación y oración, y pidió “no responder con odio, pero sí exigir que se respete a nuestra Santa Madre”.
El intendente de Villa Mercedes, Mario Raúl Merlo, se comprometió a “instrumentar todos los medios que estén a mi alcance para que no se repita la agresión hacia ningún credo, ningún grupo social”.
Antecedente reciente
A fines de noviembre, el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi) emitió un dictamen respecto de la actuación realizada por un grupo de jóvenes el 8 de marzo pasado, frente a la catedral Nuestra Señora de la Encarnación, de San Miguel de Tucumán, en la que una mujer representó a la Virgen María abortando un bebé.
Fue “un acto de ataque y ofensa hacia los cristianos, particularmente los católicos, excediendo el marco de simple crítica a determinadas posturas de la Iglesia Católica”, enfatizó en la decisión.+

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EVANGELIO DEL DIA




San Juan de la Cruz, presbítero y doctor de la Iglesia
Memoria de san Juan de la Cruz, presbítero de la Orden de los Carmelitas y doctor de la Iglesia, el cual, por consejo de santa Teresa, fue el primero de los hermanos que emprendió la reforma de la Orden, empeño que sostuvo con muchos trabajos, obras y duras tribulaciones, y, como lo demuestra en sus escritos, «buscando una vida escondida en Cristo y quemado por la llama de su amor, subió al monte de Dios por la noche oscura». Descansando finalmente en el Señor, en Úbeda, lugar de la provincia española de Jaén.
Gonzalo de Yepes pertenecía a una buena familia de Toledo, pero como se casó con una joven de clase inferior, fue desheredado por sus padres y tuvo que ganarse la vida como tejedor de seda. A la muerte de Gonzalo, su esposa, Catalina Álvarez, quedó en la miseria y con tres hijos. Juan, que era el menor, nació en Fontiveros, en Castilla la vieja, en 1542. Asistió a una escuela de niños pobres en Medina del Campo y empezó a aprender el oficio de tejedor, pero como no tenía aptitudes, entró más tarde a trabajar como criado del director del hospital de Medina del Campo. Así pasó siete años. Al mismo tiempo que continuaba sus estudios en el colegio de los jesuitas, practicaba rudas mortificaciones corporales. A los veintiún años, tomó el hábito en el convento de los carmelitas de Medina del Campo. Su nombre de religión era Juan de San Matías. Después de hacer la profesión, pidió y obtuvo permiso para observar la regla original del Carmelo, sin hacer uso de las mitigaciones que varios Pontífices habían aprobado y eran entonces cosa común en todos los conventos. San Juan hubiese querido ser hermano lego, pero sus superiores no se lo permitieron. Tras haber hecho con éxito sus estudios de teología, fue ordenado sacerdote en 1567. Las gracias que recibió con el sacerdocio le encendieron en deseos de mayor retiro, de suerte que llegó a pensar en ingresar en la Cartuja.
Santa Teresa fundaba por entonces los conventos de la rama reformada de las carmelitas. Cuando oyó hablar del hermano Juan, en Medina del Campo, la santa se entrevistó con él, quedó admirada de su espíritu religioso y le dijo que Dios le llamaba a santificarse en la orden de Nuestra Señora del Carmen. También le refirió que el prior general le había dado permiso de fundar dos conventos reformados para hombres y que él debía ser su primer instrumento en esa gran empresa. Poco después, se llevó a cabo la fundación del primer convento de carmelitas descalzos, en una ruinosa casa de Duruelo. San Juan entró en aquel nuevo Belén con perfecto espíritu de sacrificio. Unos dos meses después, se le unieron otros dos frailes. Los tres renovaron la profesión el domingo de Adviento de 1568, y nuestro santo tomó el nombre de Juan de la Cruz. Fue una elección profética. Poco a poco se extendió la fama de ese oscuro convento, de suerte que Santa Teresa pudo fundar al poco tiempo otro en Pastrana y un tercero en Mancera, a donde trasladó a los frailes de Duruelo. En 1570, se inauguró el convento de Alcalá, que era a la vez colegio de la Universidad; san Juan fue nombrado rector. Con su ejemplo, supo inspirar a sus religiosos el espíritu de soledad, humildad y mortificación. Pero Dios, que quería purificar su corazón de toda debilidad y apego humanos, le sometió a las más severas pruebas interiores y exteriores. Después de haber gozado de las delicias de la contemplación, san Juan se vio privado de toda devoción sensible. A ese período de sequedad espiritual se añadieron la turbación, los escrúpulos y la repugnancia por los ejercicios espirituales. En tanto que el demonio le atacaba con violentas tentaciones, los hombres le perseguían con calumnias. La prueba más terrible fue sin duda la de los escrúpulos y desolación interior, que el santo describe en «La Noche Oscura del Alma». A esto siguió un período todavía más penoso de oscuridad, sufrimiento espiritual y tentaciones, de suerte que san Juan se sentía como abandonado por Dios. Pero la inundación de luz y amor divinos que sucedió a esta prueba, fue el mejor premio de la paciencia con que la había soportado el siervo de Dios. En cierta ocasión, una mujer muy atractiva tentó descaradamente a san Juan. En vez de emplear el tizón ardiente, como lo había hecho santo Tomás de Aquino en una ocasión semejante, Juan se valió de palabras suaves para hacer comprender a la pecadora su triste estado. El mismo método empleó en otra ocasión, aunque en circunstancias diferentes, para hacer entrar en razón a una dama de temperamento tan violento, que el pueblo le había dado el apodo de «Roberto el diablo».
En 1571, Santa Teresa asumió por obediencia el oficio de superiora en el convento no reformado de la Encarnación de Avila y llamó a su lado a san Juan de la Cruz para que fuese su director espiritual y su confesor. La santa escribió a su hermana: «Está obrando maravillas aquí. El pueblo le tiene por santo. En mi opinión, lo es y lo ha sido siempre». Tanto Ios religiosos como los laicos buscaban a san Juan, y Dios confirmó su ministerio con milagros evidentes. Entre tanto, surgían graves dificultades entre los carmelitas descalzos y los mitigados. Aunque el superior general había autorizado a santa Teresa a emprender la reforma, los frailes antiguos la consideraban como una rebelión contra la orden; por otra parte, debe reconocerse que algunos de los descalzos carecían de tacto y exageraban sus poderes y derechos. Como si eso fuera poco, el prior general, el capítulo general y los nuncios papales, daban órdenes contradictorias. Finalmente, en 1577, el provincial de Castilla mandó a san Juan que retornase al convento de Medina del Campo. El santo se negó a ello, alegando que había sido destinado a Ávila por el nuncio del papa. Entonces el provincial envió un grupo de hombres armados, que irrumpieron en el convento de Ávila y se llevaron a san Juan por la fuerza. Sabiendo que el pueblo de Ávila profesaba gran veneración al santo, le trasladaron a Toledo. Como Juan se rehusase a abandonar la reforma, le encerraron en una estrecha y oscura celda y le maltrataron increíblemente. Ello demuestra cuán poco había penetrado el espíritu de Jesucristo en aquellos que profesaban seguirlo. La celda de san Juan tenía unos tres metros de largo por dos de ancho. La única ventana era tan pequeña y estaba tan alta, que el santo, para leer el oficio, tenía que ponerse de pie sobre un banquillo. Por orden de Jerónimo Tostado, vicario general de los carmelitas de España y consultor de la Inquisición, se le golpeó tan brutalmente, que conservó las cicatrices hasta la muerte. Lo que sufrió entonces san Juan coincide exactamente con las penas que describe santa Teresa en la «Sexta Morada»: insultos, calumnias, dolores físicos, angustia espiritual y tentaciones de ceder. Más tarde dijo: «No os extrañe que ame yo mucho el sufrimiento. Dios me dio una idea de su gran valor cuando estuve preso en Toledo». Los primeros poemas de san Juan que son como una voz que clama en el desierto, reflejan su estado de ánimo:

¿Adónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti clamando, y eras ido.
El prior Maldonado penetró la víspera de la Asunción en aquella celda que despedía un olor pestilente bajo el tórrido calor del verano y dio un puntapié al santo, que se hallaba recostado, para anunciarle su visita. San Juan le pidió perdón, pues la debilidad le había impedido levantarse en cuanto lo vio entrar.

-Parecíais absorto. ¿En qué pensábais? -le dijo Maldonado.
-Pensaba yo en que mañana es fiesta de Nuestra Señora y sería una gran felicidad poder celebrar la misa -replicó Juan.
-No lo haréis mientras yo sea superior -repuso Maldonado.
En la noche del día de la Asunción, la Santísima Virgen se apareció a su afligido siervo, y le dijo: «Sé paciente, hijo mío; pronto terminará esta prueba». Algunos días más tarde se le apareció de nuevo y le mostró, en visión, una ventana que daba sobre el Tajo: «Por allí saldrás y yo te ayudaré». En efecto, a los nueve meses de prisión, se concedió al santo la gracia de hacer unos minutos de ejercicio. Juan recorrió el edificio en busca de la ventana que había visto. En cuanto la hubo reconocido, volvió a su celda. Para entonces ya había comenzado a aflojar las bisagras de la puerta. Esa misma noche consiguió abrir la puerta y se descolgó por una cuerda que había fabricado con sábanas y vestidos. Los dos frailes que dormían cerca de la ventana no le vieron. Como la cuerda era demasiado corta, San Juan tuvo que dejarse caer a lo largo de la muralla hasta la orilla del río, aunque felizmente no se hizo daño. Inmediatamente, siguió a un perro que se metió en un patio. En esa forma consiguió escapar. Dadas las circunstancias, su fuga fue casi un milagro.
El santo se dirigió primero al convento reformado de Beas de Segura y después pasó a la ermita cercana de Monte Calvario. En 1579, fue nombrado superior del colegio de Baeza y, en 1581, fue elegido superior de Los Mártires, en las cercanías de Granada. Aunque era el fundador y jefe espiritual de los carmelitas descalzos, en esa época participó poco en las negociaciones y sucesos que culminaron con el establecimiento de la provincia separada de Los Descalzos, en 1580. En cambio, se consagró a escribir las obras que han hecho de él un doctor de teología mística en la Iglesia. La doctrina de san Juan es plenamente fiel a la tradición antigua: el fin del hombre en la tierra es alcanzar la perfección de la caridad y elevarse a la dignidad de hijo de Dios por el amor; la contemplación no es por sí misma un fin, sino que debe conducir al amor y a la unión con Dios por el amor y, en último término, debe llevar a la experiencia de esa unión a la que todo está ordenado. «No hay trabajo mejor ni más necesario que el amor», dice el santo. «Hemos sido hechos para el amor», «el único instrumento del que Dios se sirve es el amor», «así como el Padre y el Hijo están unidos por el amor, así el amor es el lazo de unión del alma con Dios». El amor lleva a las alturas de la contemplación, pero como el amor es producto de la fe, que es el único puente que puede salvar el abismo que separa a nuestra inteligencia de la infinitud de Dios, la fe ardiente y vívida es el principio de la experiencia mística. San Juan no se cansó nunca de inculcar esa doctrina tradicional con su estilo maravilloso y sus ardientes palabras.
Sin embargo, el santo era hijo de su tiempo, como lo muestra un dibujo que hizo como proyecto para una «crucifixión», y que se conserva en el convento de Avila. En algunos casos las mortificaciones que practicaba rayaban en la exageración. Por ejemplo, sólo dormía unas dos o tres horas y pasaba el resto de la noche orando ante el Santísimo Sacramento. Solía pedir a Dios tres cosas: que no dejase pasar un solo día de su vida sin enviarle sufrimientos, que no le dejase morir en el cargo de superior y que le permitiese morir en la humillación y el desprecio. Con su confianza en Dios (llamaba a la divina Providencia el patrimonio de los pobres), obtuvo milagrosamente en algunos casos provisiones para sus monasterios. Con frecuencia estaba tan absorto en Dios, que debía hacerse violencia para atender los asuntos temporales. Su amor de Dios hacía que su rostro brillase en muchas ocasiones, sobre todo al volver de celebrar la misa. Su corazón era como una ascua ardiente en su pecho, hasta el punto de que llegaba a quemarle la piel. Su experiencia en las cosas espirituales, a la que se añadía la luz del Espíritu Santo, hacían de él un consumado maestro en materia de discreción de espíritus, de modo que no era fácil engañarle diciéndole que algo procedía de Dios.
Después de la muerte de santa Teresa, ocurrida en 1582, se hizo cada vez más pronunciada una división entre los descalzos. San Juan apoyaba la política de moderación del provincial, Jerónimo de Castro, en tanto que el P. Nicolás Doria, que era muy extremo, pretendía independizar absolutamente a los descalzos de la otra rama de la orden. El P. Nicolás fue elegido provincial, y el capítulo general nombró a san Juan vicario de Andalucía. El santo se consagró a corregir ciertos abusos, especialmente los que procedían del hecho de que los frailes tuviesen que salir del monasterio a predicar. El santo opinaba que la vocación de los descalzos era esencialmente contemplativa. Ello provocó la oposición contra él. San Juan fundó varios conventos y, al expirar su período de vicario, fue nombrado superior de Granada. Entre tanto, la idea del P. Nicolás había ganado mucho terreno y el capítulo general que se reunió en Madrid en 1588, obtuvo de la Santa Sede un breve que autorizaba una separación aún más pronunciada entre los descalzos y los mitigados. A pesar de las protestas de algunos, se privó al venerable P. Jerónimo Gracián de toda autoridad y se nombró vicario general al P. Doria. La provincia se dividió en seis regiones, cada una de las cuales nombró a un consultor para ayudar al P. Gracián en el gobierno de la congregación. San Juan fue uno de los consultores. La innovación produjo grave descontento, sobre todo entre las religiosas. La venerable Ana de Jesús, que era entonces superiora del convento de Madrid, obtuvo de la Santa Sede un breve de confirmación de las constituciones, sin consultar el asunto con el vicario general. Finalmente, se llegó a un compromiso en ese asunto. Sin embargo, en el capítulo general de Pentecostés de 1591, san Juan habló en defensa del P. Gracián y de las religiosas. El P. Doria, que siempre había creído que el santo estaba aliado con sus enemigos, aprovechó la ocasión para privarle de todos sus cargos y le envió como simple fraile al remoto convento de La Peñuela. Allí pasó san Juan algunos meses, entregado a la meditación y la oración en las montañas, «porque tengo menos materia de confesión cuando estoy entre las peñas que cuando estoy entre los hombres».
Pero no todos estaban dispuestos a dejar en paz al santo, ni siquiera en aquel rincón perdido. Siendo vicario provincial, san Juan, durante la visita del convento de Sevilla, había llamado al orden a dos frailes y había restringido sus licencias de salir a predicar. Por entonces, los dos frailes se sometieron, pero su consultor de la congregación recorrió toda la provincia tomando informes sobre la vida y conducta de san Juan, lanzando acusaciones contra él y afirmando que tenía pruebas suficientes para hacerle expulsar de la Orden. Muchos de los frailes traicionaron la amistad del santo, temerosos de verse comprometidos, y quemaron sus cartas para no caer en desgracia. En medio de esa tempestad san Juan cayó enfermo. El provincial le mandó salir del convento de Peñuela y le dio a escoger entre el de Baeza y el de Ubeda. El primero de esos conventos estaba mejor provisto y tenía por superior a un amigo del santo. En el otro era superior el P. Francisco, a quien san Juan había corregido junto con el P. Diego. Ese fue el convento que escogió. La fatiga del viaje empeoró su estado y le hizo sufrir mucho. Con gran paciencia, se sometió a varias operaciones. El indigno superior le trató inhumanamente, prohibió a los frailes que le visitasen, cambió al enfermero porque le atendía con cariño, sólo le permitía comer los alimentos ordinarios y ni siquiera le daba los que le enviaban algunas personas de fuera. Cuando el provincial fue a Úbeda y se enteró de la situación, hizo cuanto pudo por san Juan y reprendió tan severamente al P. Francisco, que éste abrió los ojos y se arrepintió. Después de tres meses de sufrimientos muy agudos, el santo falleció el 14 de diciembre de 1591. Para entonces, no se había disipado todavía la tempestad que la ambición del P. Nicolás y el espíritu de venganza del P. Diego habían provocado contra él en la congregación de la que había sido cofundador y cuya vida había sido el primero en llevar.
La muerte del santo trajo consigo la revalorización de su vida, y tanto el clero como los fieles acudieron en masa a sus funerales. Sus restos fueron trasladados a Segovia, pues en dicho convento había sido superior por última vez. Fue canonizado en 1726. San Juan de la Cruz no fue un sabio, si se le compara con otros doctores. Pero santa Teresa veía en él un alma muy pura, a la que Dios había comunicado grandes tesoros de luz y cuya inteligencia había sido enriquecida por el cielo. Los escritos del santo justifican plenamente este juicio de santa Teresa, particularmente los poemas de la «Subida al Monte Carmelo», la «Noche Oscura del Alma», la «Llama Viva de Amor» y el «Cántico Espiritual», con sus respectivos comentarios. Así lo reconoció la Iglesia en 1926, al proclamar a san Juan de la Cruz Doctor de la Iglesia por sus obras místicas. La doctrina de san Juan se resume en el amor del sufrimiento y el completo abandono del alma en Dios. Ello le hizo muy duro consigo mismo; en cambio, con los otros era bueno, amable y condescendiente. Por otra parte, el santo no ignoraba ni temía las cosas materiales, puesto que dijo: «Las cosas naturales son siempre hermosas; son como las migajas de la mesa del Señor». San Juan de la Cruz vivió la renuncia completa que predicó tan persuasivamente. Pero, a diferencia de otros menores que él, fue «libre, como libre es el espíritu de Dios». Su objetivo no era la negación y el vacío, sino la plenitud del amor divino y la unión sustancial del alma con Dios. «Reunió en sí mismo la luz extática de la Sabiduría Divina con la locura estremecida de Cristo despreciado».
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

Oremos
Oh Dios, que inspiraste a San Juan un amor extraordinario a la cruz y a la renuncia de sí mismo, concédenos seguir intensamente su ejemplo, para alcanzar la gloria eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Derecho a réplica

Sr. Director:
Derecho a réplica:
En la edición de Clarín del día 06 de diciembre aparece un artículo firmado por el ex senador Eduardo Menem bajo el título “La última rebelión militar, 27 años después”. En él se expresan una serie de inexactitudes y se falta a la verdad deliberada y mal intencionadamente al calificar el pronunciamiento de “intentona golpista” y de “asesinatos” a las muertes ocurridas, lo cual constituye el motivo de la presente solicitud de derecho a réplica.
Entre las inexactitudes, por cierto las menos graves y que pueden atribuirse a una involuntaria confusión, aunque parezca mentira, el ex senador le atribuye al coronel Seineldín el grado de general y al teniente coronel Rico el de coronel, como si en un acto fallido estuviese en total sintonía con aquellos que pensamos que, sin dudas, ambos merecían esos ascensos por todo lo que han hecho por nuestra Patria y por las Fuerzas Armadas.
Pero lo más grave de todo es la insistencia deliberada en desconocer el fallo de los jueces en su sentencia y su fundamentación que sobre el golpe de estado dijeron: “…que el mismo no existió ni siquiera en grado de tentativa…. “… no ha quedado acreditado así, que se pretendiese un golpe de estado, mediante el derrocamiento de alguno de los poderes públicos del gobierno nacional, ni mucho menos con el fin de cambiar de modo permanente el sistema democrático de gobierno, extremos que no encuentran sustento alguno en las constancias fácticas de este juicio”… (parte V fojas2842 vta).  
Y respecto de las muertes acontecidas y que falsamente el ex senador califica de asesinatos, la Cámara Federal concluyó que: “Ninguna de las declaraciones presentadas en la audiencia, ni las prevenciones militares, peritajes médicos y balísticos permiten una reconstrucción certera del modo en que se produjo el derramamiento de sangre… casi todos los testigos que relataron haber escuchado los disparos de la Plaza de Armas, manifestaron que correspondían a ráfagas y/o sonidos característicos del combate de encuentro”. (Foja 2743 vta.). A esto habría que agregar que en el combate de encuentro de referencia, también falleció el cabo 1ro Rolando Daniel Morales que era subalterno y subordinado de los dos jefes caídos en ese lugar pero que respondía a las tropas que se habían pronunciado militarmente. O la muerte del Sargento Guillermo Verdes quien fue víctima de un francotirador leal a la conducción del Ejército, que lo mató con un disparo ejecutado desde el edificio del Ministerio de Defensa. Siguiendo el razonamiento falaz de Eduardo Menem habría que concluir que las muertes de los leales fueron asesinatos, mientras que las de los suboficiales “carapintadas”, fueron, en las mismas circunstancias de tiempo y lugar, muertes producidas en combate…¡¡¡… Pero por favor…
Por si lo expresado no bastara, cabría agregar que los Jueces de la Cámara Federal que nos condenaron a largos años de prisión (en mi caso 18años), en los fundamentos de la sentencia, consignaron como atenuante, entre otros: “Haber obrado por sentimientos de elevado valor moral y social”. (Fojas 2863 a 2868 vta.).
En síntesis, debo decir que entiendo que el señor ex senador intente defender y justificar las acciones de gobierno de su hermano Carlos –del que él formó parte y tuvo importante responsabilidad– que, al decir de gran parte de los argentinos, sin dudas ha sido de los más corruptos y entreguistas de la historia política de nuestro país, pero ello no lo habilita para faltar a la verdad con gravísimas acusaciones.
Más le valdría al ex senador guardarse sus palabras para defenderse él y su hermano cuando las denuncias de traición a la Patria por los tratados de Madrid de 1990 lleguen a manos de un juez patriota y los cite para rendir cuentas de semejantes felonías.
Más le valdría que cuando se investigue a fondo las reales causas de la indefensión, desguase y desnaturalización de las Fuerzas Armadas, de Seguridad y Policiales de la Nación, no lo hagan co responsable de su destrucción moral y material.
¡Por Dios y por la Patria!

Hugo Reinaldo Abete
Ex Mayor E.A.

Irán confirmó que el pacto con Cristina Kirchner se firmó para levantar las alertas rojas de Interpol contra los acusados por AMIA

Clarin.com



Lo comunicó oficialmente en una carta enviada por el gobierno de Teherán. Reveló también que el pacto estuvo vigente. Por el Memorándum, antes de su muerte, Nisman denunció a Cristina Kirchner por traición a la patria.


El canciller Jorge Faurie recibió el 4 de noviembre una carta oficial de su par iraní, Mohammad Javad Zarif, en la que el diplomático le informa que el Memorándum de Entendimiento entre la Argentina e Irán por la Causa AMIA llegó a ponerse en vigencia y sostiene que el texto del acuerdo implicaba el levantamiento de las alertas rojas de Interpol que pedían la captura internacional de los iraníes acusados por la voladura de la mutual judía en 1994.
En la carta enviada a Faurie, el gobierno de Irán relata que “...inmediatamente después de la firma del memorándum, los entonces ministros de Exteriores de Irán y la Argentina, cumpliendo con el artículo 7 del mismo, remitieron una carta conjunta al Secretario General de Interpol refiriéndose al acuerdo alcanzado entre los dos países para colaborar a nivel bilateral, solicitaron a Interpol poner fin a las obligaciones de esa institución con respecto a la causa AMIA”.

La carta de Irán que confirma el pacto con Cristina Kirchner por AMIA (I).

La carta de Irán que confirma el pacto con Cristina Kirchner por AMIA (II).



El artículo 7 del Memorándum decía que “este acuerdo, luego de ser firmado, será remitido conjuntamente por ambos cancilleres al Secretario General de Interpol en cumplimiento a requisitos exigidos por Interpol con relación a este caso”.
La carta, a cuya traducción y texto original accedió Clarín, da por tierra con las argumentaciones de Cristina Kirchner y de su ex canciller Héctor Timerman -la primera con pedido de detención suspendido por su fueros parlamentarios y el segundo detenido en su domicilio- para defender su papel en el Memorándum. Cristina y Timerman siempre negaron que uno de los objetivos del pacto con Irán haya sido el levantamiento de los pedidos de captura internacional de los cinco ciudadanos iraníes -tres de ellos ex funcionarios del régimen de Teherán- acusados por la justicia argentina de participar del atentado.
Ese mismo punto fue la base de la acusación del juez Claudio Bonadio, que la semana pasada pidió el desafuero y la captura de la senadora Kirchner, dictó la prisión domiciliaria de Timerman, y encarceló al ex secretario Legal y Técnico del kirchnerismo, Carlos Zannini, al ex funcionario Luis D’Elía, al ex jefe de Quebracho Fernando Esteche y al operador iraní Jorge Youssuf Khalil. Bonadio es quien investiga la denuncia de encubrimiento del atentado de la AMIA que presentó el fiscal Alberto Nisman poco antes de ser encontrado muerto de un tiro en su departamento, en circunstancias aún no determinadas en forma plena por la Justicia.
La carta de Javad Zarif a Faurie revelada anoche por el canal TN también debilita el otro argumento de la defensa de los acusados en la causa: que el entendimiento entre los dos países nunca llegó a ponerse en práctica. Según la palabra oficial del canciller iraní, “efectuar dos rondas de conversaciones entre los expertos en Zürich, Suiza, en noviembre de 2013 y en Dubai, Emiratos Árabes Unidos, en marzo de 2014, sobre dicho memorándum es indicativo de que el mismo ha sido objeto de cumplimiento por ambas partes”.
En ese mismo sentido, el segundo párrafo de la misiva escrita en farsí - que responde a una requisitoria de la antecesora de Faurie, Susana Malcorra- el canciller iraní dice con respecto al acuerdo que “siguiendo la voluntad política de ambos gobiernos las instituciones legislativas y competentes de ambos países lo corroboraron y lo confirmaron”.
Sin embargo, a pesar de que Irán dio por cumplida la puesta en vigencia del acuerdo, el texto fue declarado inconstitucional en la Argentina y Teherán nunca permitió que fueran interrogados los prófugos iraníes.
Fuentes de la Cancillería confirmaron que el texto de la carta recibida por Faurie fue remitida al juzgado de Bonadio.


El original en farsi de la carta de Irán que confirma el pacto con Cristina Kirchner por AMIA (I). (Fuente Todo Noticias)

El original en farsi de la carta de Irán que confirma el pacto con Cristina Kirchner por AMIA (II)