jueves, julio 06, 2006

Alejandro Slokar El discípulo preferido de Zaffaroni

July 6, 2006 12:06
--------------------------------

Leernos tiene sus privilegios...

Alejandro Slokar El discípulo preferido de Zaffaroni

“Slokar creció gracias a las facilidades que otorgó la democracia alfonsinista para hacer progresismo, porque antes no se sabía ni que existía”, asegura un viejo peronista… Alejandro Slokar sobreactúa sus funciones y mantiene posturas extremas. El actual secretario de Política Criminal de la Nación llegó a su cargo actual gracias a Zaffaroni. Luego de estrechar lazos con Alberto Fernández, logró el rango de Secretaría de Estado. En manos de una persona de estas características está la reforma del Código Penal.

Según varios empleados del Ministerio de Justicia, aunque Slokar quiere imponer su “onda progre” es insufrible y una persona de “pocas pulgas”, con la que no es conveniente cruzarse los días que aparece contrariado.
En los 80, bajo la ebullición democrática, las universidades argentinas fueron un lugar propicio para ensayar nuevas teorías. En ese escenario hizo su aparición una camarilla de profesores de derecho y alumnos que no se resignaba a ser uno más del montón. Por aquellos años uno de los estudiantes que buscaba su lugar en el mundo era Alejandro Walter Slokar, hoy Secretario de Política Criminal del Ministerio de Justicia de la Nación. En los claustros de la principal universidad de derecho de la Argentina, Slokar -egresado en 1987 de la UBA- se cruzó con Eugenio Raúl Zaffaroni, hoy juez de la Suprema Corte, quien además de buscar fama y posicionamiento político, nunca se resignó a ser un penalista común y corriente e inventó una teoría sufrida por varias generaciones de estudiantes. Uno de los suplicios de las cátedras de corte zaffaronista es el sometimiento –casi demencial en algunas cátedras- de los alumnos ingresantes de abogacía de la UBA a la lectura obligatoria del Tratado de Derecho Penal, escrito por la tríada Slokar, Zaffaroni, Alagia, un mamotreto, excesivamente caro e insufrible, que desarrolla la teoría garantista y en muchos de sus pasajes es tan poco claro que hasta los mismos profesores ayudantes de la UBA lo reconocen públicamente.
Slokar lidera en la UBA una de las corrientes más extremas del zaffaronismo, que enfrenta a los “moderados” del juez federal Sergio Torres, otro garantistas no abolicionista.
Zaffaroni nunca se resignó a ser tildado de abolicionista. Como el abolicionismo penal –teoría de la pena de los años 80 que en su expresión más radical propone la anulación y abolición de las normas penales, sustituyéndolas por normas sociales y morales- jamás pudo imponer sus postulados de lo más absurdos y delirantes, porque pretendían la existencia de una sociedad basada en la solidaridad donde todas las personas se conducieran según normas de convivencia social. Por ello, al perder fuerza las ideas abolicionistas, Zaffaroni salió a criticarlo diciendo que era ingenuo y armó su propia teoría pero dentro del sistema penal y no por fuera como proponían los abolicionistas. De esta manera, Zaffaroni creó su propia teoría agnóstica o negativa de la pena que sostiene que la pena no tiene un fin positivo. Sin pretender una explicación extensa y sin el afán de reducir a pocas líneas un trabajo escrito en miles de páginas, uno de los postulados de su teoría dice que la pena es un ejercicio del poder político, que lo punitivo existe en todas las sociedades y que la única manera de evitar consecuencias como torturas, apremios, victimizaciones del poder subterráneo, fusilamientos, ejecuciones sin proceso, secuestros es acotarlas, contenerlas y minimizarlas.
Aunque ese trabajo haya tenido la intención de constituirse en un loable intento por definir lo que sufre la sociedad argentina todos los días al salir a la calle, la inseguridad no se detiene y para mal de muchos ciudadanos, un zaffaronista como Slokar está impulsando la reforma del Código Penal.
Los contenidos y la bajada de línea de esta usina de garantistas “adoradores de Zaffaroni” refleja el ritmo de tortuga en que avanzaron las ideas de estos iluminados del derecho penal hasta instalarse en el poder mientras la delincuencia y la inseguridad crecieron como liebre con violaciones subterráneas, asesinatos a sangre fría, secuestros criminales y express, asaltos a jubilados indefensos, víctimas inocentes en tiroteos, policías salvajemente asesinados, fusilamientos y otras formas de morir sin un Estado que defienda la vida y elimine la venganza privada. El resultado de tanto devaneo garantista no podía tener otra consecuencia que el crecimiento de la delincuencia al calor de la impunidad "garantista" que le brinda la izquierda violenta y antisocial.
Slokar, uno de los principales discípulos de Zaffaroni, impulsa una polémica reforma al Código Penal que entre otras propuestas impulsa una reducción de las penas.
Gracias a Zaffaroni, quien lo presentó a jefe de Gabinete Alberto Fernández y le consiguió el puesto en la Secretaría, Slokar impuso su “onda progre” pero es -según los empleados del Ministerio de Justicia- es una persona de “pocas pulgas”, con la que no es conveniente cruzarse los días que aparece contrariado. Muchas fuentes aseguran que Slokar tiene una pésima relación con el ministro Alberto Iribarne y que nunca disimuló –como todo buen trepador- su línea directa con Alberto Fernández, que le sirvió para imponerse al anterior ministro Horacio Rosatti.
Uno de los motivos: Política Criminal era una subsecretaría y Slokar pretendía que se elevará al grado de secretaría, mientras que Rosatti no tenía ninguna intención de promoverlo. Al renunciado ministro, comentan conocedores de las internas judiciales, siempre le disgustó la personalidad del jurista y su supuesta inclinación a la sobreactuación y las posiciones extremas. Pero gracias apoyo de Fernández, finalmente su área alcanzó el rango de Secretaría de Estado.
Su enfrentamiento con el equipo de Rosatti persistió aún cuando el santafesino abandonó su cargo, momento que aprovechó para destruir lo que quedaba de resistencia en el Ministerio, especialmente en área de prensa que respondía al ex titular de la cartera. Pero la batalla de Slokar no terminó allí. El enemigo actual es Eduardo Luis Duhalde, secretario de Derechos Humanos. Tal es el enfrentamiento que hasta “se pelean para ver quién es mas progre, pero en pergaminos el viejo lleva las de ganar, combatió a la dictadura y fue perseguido, mientras que Slokar creció gracias a las facilidades que otorgó la democracia alfonsinista para hacer progresismo, porque antes no se sabía ni que existía”, asegura un viejo peronista de “La Tendencia”.
Slokar saltó al estrellato por la controvertida Reforma del Código Penal, que incluso podría motivar a Juan Carlos Bloomberg a convocar a una nueva marcha, alternativa que de cara a las elecciones de 2007 preocupa –y mucho- al Gobierno.
De instalarse esta posibilidad y aumentar el enojo de amplios sectores sociales en total indefensión ante criminales y asesinos sueltos en total impunidad, la única salida –que nadie razonablemente en sus cabales puede defender por ser inconstitucional- es la justicia por mano propia. A esa salida conducen ideas zaffaronistas y las ideas garantistas.
Desde la Secretaría conducida por Slokar se afirma que el debate sobre la reforma del Código será largo. Mientras tanto la población reclama medidas más eficaces para una mayor seguridad, los ciudadanos de la mayoría de los centros urbanos y zonas rurales siguen protegiéndose como pueden con rejas, alarmas, guardias, sensores, animales feroces, cadena de vecinos y una sensación de inseguridad y pánico que parece no tener fin. Mientras los teóricos, secretarios, políticos y operadores siguen dando vueltas, las calles y caminos rurales son gobernadas por los delincuentes que ven cada vez más facilidades para cometer crímenes de todo tipo, ya que las leyes, y las fuerzas de seguridad están atadas por una errónea idea sobre los derechos humanos deben protegerse.