martes, mayo 06, 2008

FALLA MULTIORGÁNICA

FALLA MULTIORGÁNICA

Hugo Esteva

La biología puede dar lecciones que los políticos –y especialmente los gobernantes- deberían conocer, ya que el comportamiento de las sociedades suele remedar al de los seres vivos con más frecuencia de lo que parece.

Así, por ejemplo, el desorden generalizado da lugar a la parálisis. Del mismo modo que sucede en biología con la fibrilación ventricular, que –al igual que el paro cardíaco- da lugar a detención cardiocirculatoria y lleva rápidamente a la muerte del individuo. En el caso del paro, todas las fibras del músculo cardíaco dejan de funcionar al mismo tiempo; en el de la fibrilación, cada fibra se contrae por separado, pero el caos es tal que no se obtiene un latido efectivo para movilizar la sangre. El resultado final es el mismo pero el tratamiento, si se llega a tiempo, es completamente distinto: en el paro se requieren drogas estimulantes; en el otro se debe aplicar la desfibrilación eléctrica. Siempre son fundamentales el diagnóstico certero y la actuación rápida. Saquen, pues, los lectores las conclusiones aplicables a la detención de nuestra patria.

Pero no es ese el único parangón entre biología y política capaz de enseñarnos. Y aquí quiero referirme a lo que sucede con los procesos infecciosos, ya que nadie podrá dudar acerca de que tenemos la patria infectada y cabría apenas discutir sobre cuál ha sido el germen causal dentro de una gama reducida y virulenta.

En efecto, la evolución natural de un proceso infeccioso se inicia con un foco séptico localizado. Cuando las defensas regionales del enfermo son superadas, la infección llega a la sangre dando lugar a la llamada septicemia, que ya tiene repercusión en todo el organismo. Si el proceso sigue adelante, la infección provoca cambios circulatorios con alteración hemodinámica y el enfermo entra en “shock” séptico. A partir de allí comienzan a caer los distintos órganos en insuficiencia funcional (corazón, riñón, hígado, pulmón). Cuando han caído tres órganos se habla de falla multiorgánica, de altísima mortalidad.

En todas las etapas hay una terapéutica, que se va haciendo más compleja y de resultado más incierto a medida que el cuadro evoluciona. El tratamiento quirúrgico temprano del foco séptico es lo más efectivo, ya que ahorra todo lo peor de la evolución. Claro que para establecerlo hacen falta buen diagnóstico, precisión, confianza (la del enfermo) y conciencia (la del cirujano). Pero, a la inversa, cuando se ha llegado a la falla multiorgánica ya ni siquiera la más exacta cirugía evita la evolución mortal: se ha llegado tarde, el complejo proceso deletéreo desencadenado es ya independiente de la causa inicial y evoluciona espontáneamente hacia la muerte.

El país ha transcurrido ya la etapa del foco séptico sin tratamiento. A esta altura no basta sólo con extirparlo, como se creyó ingenuamente frente a la subversión pese a los buenos consejos de los terapeutas más experimentados y más estudiosos. Defensas quedan (y, si no, mírese la positiva reacción del campo); pero sería bueno organizarse para no llegar al “shock” que ya se anuncia. Porque de ahí hay un paso muy corto a la falla multiorgánica.