sábado, agosto 09, 2008

CARTA AL CANCILLER DE LA REPÚBLICA

CARTA AL CANCILLER DE LA REPÚBLICA

La Plata, 14 de agosto de 2001
Al Señor Ministro de Relaciones Exteriores,
Comercio Internacional y Culto
Dr. Adalberto Rodríguez Giavarini
S/D

Señor Ministro:

Hace ya varias semanas he solicitado a su secretaría privada una audiencia que aún no ha podido concretarse. Mientras aguardo la oportunidad de un encuentro personal, deseo anticiparle algunos asuntos sobre los cuales espero poder conversar con mayor amplitud.
En las diversas reuniones realizadas en el ámbito de las Naciones Unidas durante la última década, la República Argentina se ha distinguido por sostener posturas claras respecto de algunos temas de máxima importancia ética y social: la afirmación del derecho a la vida desde la concepción, el consiguiente rechazo del aborto, la afirmación de un solo tipo de familia (la que está basada en el matrimonio de un varón y una mujer del que se derivan los hijos), el rechazo del término ideológico género, al que se lo admite sólo como un sinónimo de sexo. En las Conferencias de El Cairo, Pekín y Estambul nuestra delegación presentó oportunas reservas a puntos censurables de los documentos respectivos; dichas reservas concretaban los principios que la República Argentina, por medio de su gobierno, decidió sostener.

En reuniones más recientes se ha notado que las delegaciones argentinas cultivaron casi siempre un perfil bajísimo, no han hecho objeciones ni propuestas y aceptaron sin reservas lo que se acordaba tanto dentro del bloque al que pertenecemos, el así llamado Grupo de Río, como en el documento final.
Me permito, para ilustrar este concepto, detallar brevemente la actuación de nuestras delegaciones.

En la Conferencia Pekín + 5 (del 5 al 9 de junio de 2000), la delegación argentina reiteró la postura de la defensa de la vida humana desde la concepción y el concepto tradicional de familia, e hizo reservas al respecto en el documento final. Pero, sin advertir la contradicción en la que se incurría, admitió como si fueran derechos humanos los llamados derechos sexuales y reproductivos. La contradicción es evidente, porque todos sabemos que, en el lenguaje de la ONU, aquellos supuestos derechos incluyen la anticoncepción y el aborto a petición.

En la Conferencia Estambul +5 (del 6 al 8 de junio de 2001) se aprobaron párrafos con menciones a diversos “tipos” de familia y la perspectiva de género como una cuestión a priorizar. Nuestro país no reiteró las reservas efectuadas al documento final de la Conferencia de Estambul. Entre las delegadas argentinas figuró una conocida representante del feminismo extremo.

En la Tercera Reunión Preparatoria para la Conferencia sobre la Niñez+10 (del 11 al 15 de junio de 2001), la delegación de Canadá aclaró que el término servicio de salud reproductiva incluye el aborto. Esta manifestación determinó que algunos países integrantes del Grupo de Río pidieran que se retirara el término, pues no están de acuerdo con el aborto. La República Argentina no se adhirió a esta iniciativa.

En la Sesión Especial de la Asamblea de la ONU sobre SIDA (del 25 al 27 de junio de 2001), la delegación argentina consintió, sin expresar reservas y sin comentarios, propuestas tales como el acceso al control natal, incluyendo aborto y libertad para el mismo y servicios confidenciales sobre anticonceptivos brindados a los niños, al margen de la patria potestad, y las expuestas en la Directriz Nº 12: reconocimiento y legalización de uniones homosexuales.
Próximamente, en el mes de septiembre, se realizará la Conferencia sobre los Derechos del Niño+10. Se advierte en las reuniones preparatorias que los ideólogos de los “nuevos derechos” contrarios al orden natural y a la recta razón pretenderán imponer el derecho al aborto y a los medios anticonceptivos y la educación sexual en las escuelas, desconociendo la autoridad, los derechos y deberes de los padres, como así también la incoporación de la “ideología de género” desde la educación inicial.

Las discusiones versan frecuentemente sobre la incorporación a los textos de determinadas palabras. Pero no se trata de bizantinismos; detrás de la querella verbal es una concepción del hombre, la familia y la sociedad lo que está en juego. En el caso de la próxima Conferencia a desarrollarse en septiembre, es importante que la delegación argentina contribuya a eliminar del documento que se está negociando el lenguaje relacionado con el aborto. La expresión servicios de salud reproductiva, y más concretamente el término servicios en este contexto, tienen alcances abortistas, como lo ha declarado con claridad la delegación canadiense. Si este lenguaje permanece en el documento, se habrá dado otro paso hacia la constitución del customary international law que presione sobre las legislaciones nacionales a favor de la legalización del aborto.

Señor Ministro: hace algunos años vengo siguiendo con atención estas cuestiones y conozco cuántos obstáculos se interponen en el propósito de fijar con claridad y sostener con coherencia en la praxis política y diplomática objetivos que respondan a las convicciones proclamadas por las máximas autoridades de la Nación. Tanto el Señor Presidente como Usted mismo han manifestado siempre su compromiso con la defensa de la familia y de la vida, y esa actitud es conocida y apreciada. Hago votos por que las delegaciones que representen a la República Argentina sepan interpretar rectamente y aplicar con fidelidad aquellas convicciones que honran a nuestro país y aquellos principios de cuya observancia depende el futuro de la humanidad.
Saludo al Señor Ministro con mi más distinguida consideración.
Héctor Aguer
Arzobispo de La Plata