lunes, febrero 14, 2011

Las otras «viudas» de Kirchner



Te han recomendado una noticia
ESTILO

Las otras «viudas» de Kirchner

Elizabeth Miriam de Quiroga, María Ángela Girometti y Victoria Bereziuk, las amantes del ex presidente argentino

Día 12/02/2011
PERFILES
El fallecido ex presidente junto a Quiroga, hace unos años.
Hasta su defunción, el 27 de octubre del pasado año, la mayoría de los argentinos pensaba que la única mujer que existía para Néstor Kirchner era la suya, la presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner. Tres meses después de su muerte, la situación ha cambiado. Ya no se habla de «la viuda», a secas. Del singular se ha pasado al plural: las viudas de Kirchner.
Elizabeth Miriam de Quiroga, su secretaria y colaboradora desde los años 90, rompió hace unos días el silencio y declaró en la revista «Noticias» que era su amante. La confesión, donde negaba que el ex presidente fuera el padre su última hija, de 11 años, destapó la olla de los amores paralelos del hombre más poderoso de Argentina de la última década.
Austero, celoso hasta el extremo de su intimidad, Néstor Carlos Kirchner abrió su corazón en los últimos tiempos, al menos, a otras dos mujeres. «A María Ángela Girometti, empresaria de turismo y propietaria del hotel Los Álamos, en el Calafate (localidad periférica al imponente glaciar Perito Moreno), se la mencionaba directamente como la amante de Néstor Kirchner», recuerda Sylvina Walger, autora del libro «Cristina, de legisladora combativa a presidente fashion». «La relación entre ambos —continúa— se entabló durante los largos periodos en que Cristina permanecía en Buenos Aires, cuando era diputada y senadora». Aquel idilio se conoce como el primero al margen de su matrimonio. «Su relación fue más allá del amor. Se extendió a distintos negocios en El Calafate. Uno de ellos es la constructora ESUCO, de la que hoy se sabe que él era el verdadero dueño por medio de la sociedad Invernes S.A.», asegura Walger.

Un secreto a voces

El romance, un secreto a voces en la Patagonia, desembocó en un contragolpe inmobiliario de Cristina Fernández: mandó construir el hotel Los Sauces, un complejo de lujo apenas separado por un par de parcelas del de María Ángela Girometti. «La venganza es un plato que se sirve frío. Cristina, despechada, quería hundirla con su propio hotel. Fíjate que hasta el nombre, Los Sauces, apunta al corazón del de María Ángela», observa un ilustre huésped que recientemente ocupó una de sus habitaciones.
Si las coincidencias en los hoteles fueron fruto de una decisión voluntaria de la actual jefa del Estado, no sucede lo mismo con los primeros nombres de ésta y de Elizabeth Miriam de Quiroga, hasta ahora la única mujer que ha reconocido públicamente su relación sentimental con Kirchner. El segundo nombre de la Cristina es Elisabet, terminado en «t». Ella lo detesta y «Elizabeth» Miriam Quiroga (el suyo termina en «th»), tampoco lo utiliza.

«Dejé todo por él»

«Miriam era Kirchner. Controlaba todo, era su secretaria de confianza. Si no te llevabas bien con ella, tampoco tenías acceso a él», confiesa una fuente del Gobierno a «Noticias» para confirmar el poder de Quiroga en vida del ex presidente. ¿Por qué esta mujer ha decidido airear un asunto tan delicado? La respuesta es sencilla. La presidenta la destituyó como directora del Centro de Documentación de Presidencia el mes pasado y ella, según sus palabras, sintió que la estaban «echando como a un perro». En «Noticias» resume su relación con el difunto: «Es vox populique era la amante de Kirchner… Teníamos una unión muy fuerte. Dejé todo para venirme con él desde el sur, dejé a mi familia», cuenta mientras hace repaso a su mudanza del frío Calafate a Buenos Aires, en mayo del 2003, cuando Kirchner llegó a la Presidencia.
La mujer que conoce los secretos del poder K está divorciada, tiene hijos de su primer matrimonio y una niña que no lleva el apellido de un padre. «Los que dicen que mi hija es de Kirchner —aclara sin que le pregunten— están equivocados. La tuve con un novio que me duró muy poco y le puse mi apellido, porque cuando quedé embarazada ya nos estábamos separando». Ante la incredulidad del periodista, añade: «¡Ojalá fuera de él! Hoy no tendría problemas de plata (dinero)... Algunos llegaron a decir que Néstor me dejó una cuenta en Suiza (risas) ¡Estoy esperando que me digan el número!», bromea en alusión a la inmensa fortuna que el ex presidente forjó en el poder.
El testimonio de Miriam de Quiroga ha sacudido los cimientos de la Casa Rosada, que ha dado la callada por respuesta; pero la noticia ha recorrido las autopistas de la información y de las redes sociales. Entre tanto, María Angéla Girometti guarda silencio. La misma decisión que adoptó Victoria Bereziuk, ex colaboradora del área de Planificación, cuando el diario patagónico, «Crónicas Fueguinas» tituló en agosto del 2007: «Cristina se enfureció por la amante del presidente y se desató la hecatombe». La información narraba un oscuro episodio con Bereziuk y una maleta de casi un millón de dólares, presuntamente para la campaña de la presidenta, que terminó en Estados Unidos, en los tribunales, y en Argentina, según el periódico, con «tres copas estrelladas contra la pared» arrojadas por la Cristina de Kirchner.

La venganza de Cristina