lunes, junio 03, 2013

Cristina, furiosa y a los gritos

Informador Público

Cristina, furiosa y a los gritos

junio 2, 2013
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La semana que comienza mañana llegará con una notables carga de confusas contradicciones y enfrentamientos internos en la órbita de los partidos políticos. Esto ocurrirá de manera muy especial dentro del Frente para la Victoria, que ya transita por un tembladeral que explica -y demuestra- el nacimiento del temor por parte del kirchnerismo. Esto último afecta sensiblemente el ánimo presidencial, como quedó demostrado en el incidente que produjo su discurso frente al gobernador de la provincia de Buenos Aires, quien no disimuló en ningún momento su malestar durante el acto realizado el viernes en Lomas de Zamora. Muchos esperaban que Daniel Scioli contestara ayer en Tandil para saber a qué atenerse, pero el gobernador apostó a la paciencia, a no darles el gusto a quienes desean su alejamiento de cualquier candidatura con miras al 2015, y mantener su postura de lealtad irrestricta a la espera de que se aclare el escenario que todavía admite cualquier clase de especulaciones.
Scioli sabe que se encuentra en el filo de la navaja, aunque no son pocos los que piensan que ya superó los límites aceptables, un tema que en política se puede pagar demasiado caro. En resumen, lo que está en juego es su prestigio personal, problema que fue analizado con sus asesores más inmediatos que le recomendaron no modificar su estrategia y proseguir en este curioso ejercicio de la paciencia.
Uno de los argumentos que dieron vuelta en las conversaciones es el que señala que la salud mental de la viuda se encuentra en un momento crítico y evidente, tesis que quedó reforzada ante la opinión pública a raíz de lo sucedido. Sugestivo, el dato crece y se ramifica en el cuerpo social y contribuye a desvalorizar progresivamente la imagen de una Cristina decidida y resuelta a encarar toda clase de problemas. La desvalorización se acentúa gracias al deterioro económico, a los cortes de energía que confirman el deterioro del sistema energético -lo comentamos anteriormente varias veces en coincidencia con otros análisis-, a la inflación, a la inseguridad, la desocupación y otros factores concurrentes y alarmantes.
Curiosamente, Cristina tiene una cierta y parcial percepción de estos asuntos vitales, aunque ahora su preocupación está puesta en la catarata de denuncias de corrupción que la afectan personalmente, tanto en su papel de Presidente, como en sus aspiraciones políticas con miras al futuro. No es tonta, es inteligente pero su enfermedad no cubre otros aspectos, especialmente la incapacidad para reconocer la realidad que la rodea. Esto es grave, pero si le sumamos un descontrol de la conducta, el asunto puede pasar a convertirse en una cuestión de Estado que requiere de controles y definiciones. Por el momento, las crisis se han superado mediante medicaciones clásicas para estas manifestaciones, lo que hasta el momento permite señalar que las dosis que se le suministran deberían, eventualmente, aumentarse. De ser así, podría llegarse a la saturación y con ello a un nivel crítico de la situación.
Nuestros lectores encontrarán en esta misma edición del IP un informe al respecto y podemos agregar -o coincidir- en que ya se ha llegado a ese punto. Huelgan los comentarios.
En las filas dirigentes del Frente para la Victoria e incluso en el núcleo duro no existe, por el momento, la intención de avanzar en lo que referimos ayer acerca de la idea de que este estado de cosas podría derivar en una drástica decisión para apartarse de una caída vertiginosa que abre el escenario hacia cualquier variante. Por ahora nadie se anima a plantear el problema con toda su crudeza, aunque lo ocurrido en Lomas de Zamora apuró y fundamentó las posibles decisiones aún en letargo.
Sin embargo, las inquietudes se ahondan cuando Cristina no oculta sentimientos y se desestabiliza. Horas antes de lo sucedido frente a Daniel Scioli, luego de protagonizar hechos más o menos similares pero circunscriptos a temas específicos y no prolongados, tuvo un verdadero estallido revelador de las dudas e inquietudes que la carcomen. A los gritos y frente a algunos pocos funcionarios de confianza, mientras movía sus brazos como dos aspas locas y golpeaba el piso con su pie, desgranó una serie de insultos “a quienes no me defienden ni rechazan públicamente las cosas que se dicen de mi marido muerto y de mi persona…” y cargó contra los funcionarios más cercanos que ocupan la cúpula del oficialismo. A los gritos, se refirió a las denuncias sobre corrupción en Santa Cruz y otros lugares y escándalos y anunció que “en cualquier momento me voy a El Calafate y no vuelvo”. Esto último revela una falta de realismo, habida cuenta que no puede tomar esta decisión así como así, pero también que está seriamente afectada más allá de las lealtades que exige a rajatabla. Las fuentes señalan que citó casos específicos (“ni hasta mis hijos salen a defenderme”, habría dicho) lo que de ser cierto revela otras honduras en este caso que afecta al devenir político e incluso institucional.
En el ínterin todos quieren explicarse los motivos reales de los cambios realizados antes del último fin de semana, y surgen explicaciones que no podemos eludir. Por ejemplo, sobre la defenestración de Nilda Garré, para instalarla en un destino tranquilo pero interesante, apuntaría a romper o alterar su alianza con el Jefe del Ejército, general Milani, con miras a una próxima movida eventualmente más profunda y, por cierto, desconocida. Por el otro, frenar la injerencia de Horacio Verbitsky (amigo de los dos) dentro de su propia esfera de poder, un tema que puede generar derivaciones que por el momento subyacen envueltas en misteriosos pliegues. Muchas cosas se dicen al respecto y hasta en medios vinculados con el ex jefe de Inteligencia de Montoneros se barajan teorías contradictorias y poco reales.
Pero sin querer ser reiterativos, volvemos a la inestabilidad emocional de la viuda, inestabilidad alimentada con el conocimiento de los números en torno de probables resultados electorales. Acostumbrada durante estos últimos diez años a no perder -debemos agregar los períodos santacruceños- la viuda no admite la derrota pero lo más importante es que tampoco los hombres más importantes del poder inquietos por continuar ejerciéndolo a toda costa. Entonces será inevitable mirar en detalle el sistema cibernético que se aplicará en las elecciones… si es que se realizan y no se descubre una conspiración salvadora al estilo de Nicolás Maduro, que la necesita para sobrevivir en el agotado esquema venezolano.

Carlos Manuel Acuña
Carlos Manuel Acuña