miércoles, agosto 12, 2015

Estatua de Colón.

   
 
HABÍA UNA VEZ…  una estatua de Colón y una presidente  confundida.            Por  Malú Kikuchi     (11/10/2014)                         En 1453 cayó el imperio romano de oriente en manos de los  turcos. Europa se quedó sin acceso marítimo a todo aquello  que necesitaba de “Las Indias”.  Tenían que llegar de  alguna manera,  ¿pero  cómo?             Sin  revisionismo histórico, le propongo volver a la  escuela primaria. Volver a la  emoción de escuchar a la  maestra contar ese maravilloso cuento sobre las   fantásticas aventuras de un loco marino genovés, qué creía  que la tierra, ¡era  redonda!  Tan loco, que con  un compás y unos inverosímiles números, consiguió que la  reina Isabel de Castilla creyera en sus promesas. En los  cuentos siempre hay una reina, y esta era buena.  Tan  buena que vendió parte de sus joyas para comprar tres  carabelas. Hoy serían  3 cáscaras de  nuez.             El loco  marino genovés consiguió, con permiso de los  reyes Católicos de España,  contratar 120 hombres para  emprender su aventura. Dos capitanes, Martín y Alonso   Pinzón, algunos hombres de mar y el resto, presidiarios.  Recuerde la curiosidad  por saber cómo seguía el  cuento. Un día, el 3/8/1492, con la Santa María , la   Pinta y la Niña, partió del puerto de Palos de la Frontera y  se lanzó al mar. Se  llamaba Cristóbal Colón. Cruzó el  Atlántico para llegar a las Indias, tuvo problemas de todo  tipo, hambre, angustia,  incertidumbres.            Ya casi  sin esperanzas, apenas nacido el viernes  12/10/1492, a las 2 horas, Rodrigo de  Triana, desde la  Pinta gritó: “Tierra, veo  tierra”.             Desembarcaron ya amanecido  el día 12 en una pequeña  isla llamada Guanahani, en las Antillas. Luego Colón   hizo 3 viajes más a este formidable continente sin saber lo  que había  descubierto. Volvió en 1493, 1498 y 1502.  Murió sin saber.             Protagonizó, hasta hoy la más increíble aventura del hombre,  sólo comparable al alunizaje, pero el descubrimiento de  Colón, cambió la historia.            Tendríamos que ubicarnos a finales del siglo XV, sin baños  en los palacios, con pestes incontrolables, madres muertas  de sobre parto, Inquisición, luz de velas, mugre, miseria,  promedio de vida bajísimo, tiempos en que un libro era un  objeto precioso, saber leer y escribir un milagro en manos  de la iglesia,  supersticiones de todo tipo, olores  nauseabundos, cubiertos inexistentes, una  vida  terrible para las mayorías. Una vez ubicados en tiempo   y lugar,  imaginemos  la odisea de Colón   peleando contra la ignorancia sólo con sus conocimientos,  que no habían sido  comprobados por nadie antes de su  aventura  maravillosa.             ¿De qué  lo acusan a Colón? ¿De haber descubierto  América? ¿De haber cambiado la historia  de la  humanidad? ¿De haber ampliado horizontes a costos  increíbles, no sólo para  los colonizados, también para  los colonizadores? No fue fácil. Nada es fácil  cuando  hay un antes y un después “de”. ¿De quién surgió la  peregrina idea que  Colón fue un genocida? ¿Chávez?  Puede ser. El típico resentimiento de alguien acusado de ser  indio en un ejército de blanquitos. No fue culpa de Colón.  Colón  fue un descubridor, ni un conquistador, ni  un  colonizador.             En  cuanto a estos últimos, que en alguna mente  afiebrada podrían ser considerados  genocidas, sería  pertinente recordar que los tiempos eran otros. Matar y  morir eran hechos habituales. Como ahora, pero un poco más.  No se habían inventado los  DDHH, ni los delitos de  lesa humanidad. Los pueblos originarios eran   terriblemente salvajes entre ellos. Igualmente lo eran los  conquistadores  entre ellos. Y los unos lo fueron  con  los otros. No había medios de comunicación, no se  filmaban videos sobre  degüellos por temas religiosos,  la TV no los retransmitía, las led no iluminaban  los  crímenes, las redes sociales no los  amplificaban.             Todos, los unos y los  otros, fueron crueles.  Y  la  humanidad a pesar de todo, ha crecido moralmente.  Hay hechos que hoy no  toleramos. O decimos que no los  toleramos.            Dejando a Colón de lado, ya  que no tiene nada que ver  con crímenes de ningún tipo, juzgar la conquista y la  colonia con  los ojos, la moral y los códigos de hoy,  es delirante.  El tiempo y el lugar son  fundamentales.  Hay que hacer un ejercicio de  imaginación y situarse.             Quizás así tomemos  conciencia del disparate de  vilipendiar el día del descubrimiento, tener la   estatua de Colón tirada en alguna parte de esta ciudad, rota  y sucia. Esperando que el acuerdo entre nación y CABA   le encuentren un lugar. Sin recordar que esa estatua  estupenda se hizo bajo el proyecto de Antonio Devoto,  exitoso inmigrante italiano que lideró la colecta de los  demás italo/argentinos para hacerla posible, que el parque  que  rodeaba el monumento lo diseñó Carlos Thays y que  era un orgullo para la   ciudad.             Y si a  la presidente, que tiene fecha de vencimiento  como los yogures (10/12/2015), le  molesta la estatua  del inmenso Colón, y reivindica los pueblos  originarios,  aunque permite que se mate de hambre y  sed a los qom, wichis, tobas y otras  etnias del NEA,  le recuerdo que se llama Cristina, que viene de  Cristo,  Fernández, nombre castizo si los hay, Wilhem,  alemán; que se casó con Néstor, nombre griego,   Kirchner, alemán. Y  si piensa reemplazar a Colón por  Juana Azurduy, regalo de Evo Morales, también  le  recuerdo que la coronela del ejército del Norte, que nos  merece todo el respeto, se llamaba Juana, hebreo, Azurduy,  vasco, de Padilla, castizo. No existirían en América sin  Colón.              ¿Es  mucho pedir un poco de sentido común? Por mi  parte, gracias Colón por ese mítico  12/10/1492 de hace  522 años. Gracias, porque a pesar de todo, me gusta  ser  argentina y pertenecer al continente americano.